Rafael Campo Miranda le puso poesía al porro

Por: Rafael Sarmiento Coley

En las dos magníficas compilaciones realizadas por los periodistas e historiadores Daniel Samper Pizano y su esposa Pilar Tafur el compositor que goza de mayor presencia, sin ser vallenato, es Rafael Campo Miranda, nacido en Soledad, Atlántico, el 7 de agosto de 1918.

Los dos trabajos que recogen historias y testimonios, letra y música de los que el matrimonio Samper y Tafur consideran los 200 mejores vallenatos de la historia incluyen cerca de 15 temas de Campo Miranda, cuyo propósito, en principio, era ponerle poesía al porro, uno de los aires más autóctonos de la música popular bailable del Caribe colombiano. Hasta ese momento todos los porros eran instrumentales por caprichos dictatoriales de Antonio Fuentes, el dueño de Discos Fuentes, una de las principales disqueras del país.

Tenía entre ceja y ceja la terquedad de que ponerle letra al porro era “tirarse un género musical tan bonito”. Sabiendo de la soberbia e iracundia del amo y señor de Fuentes, un día Rafael Campo Miranda se presentó a la oficina de su paisano y también excelso músico y compositor Francisco ‘Pacho’ Galán Blanco y le propuso “hacer una alianza para bajarle los humos de la cabeza a don Toño Fuentes que no quiere grabar porros con letras dizque porque así ese aire musical pierde su sabor sabanero”.

                                                              

Rafael Campo Miraanda, autor de más de 100 éxitos.

Desde entonces la alianza Pacho Galán- Campo Miranda rompió todas las murallas de la disquera Fuentes. Campo Miranda compuso el porro ‘Playa, brisa y mar’, Pacho le hizo los arreglos y las transcripciones y enviaron las partituras y letra al sello Odeón de Buenos Aires, que enseguida lo grabó con el grupo Marfil y ‘Ebano. Fue todo un éxito en Argentina, México, Cuba, República Dominica, Panamá, Venezuela, y, pues claro, jonrón con bases llenas en Colombia. Y Toño se tuvo que tragar su absurda animadversión a ponerle letra al porro.

Su obra cumbre

Este hombre sensible y cordial, a pesar de su siglo de vida (los cumple este martes), y su extensa e intensa producción artística no se ha dejado vencer de ninguno de esos achaques duros de la vejez. Ni siquiera la muerte de su querida esposa, María del Socorro Vives -madre de sus tres únicos hijos, Rafael, Margarita y Marta- logró hacerle doblar el lomo a la vida. Sigue firme. Alegre. Con bríos. Y…componiendo canciones que luego, con la ayuda de sus hijos, todos músicos, les ponen las puntadas finales a los temas.

Son más de 100 grandes éxitos grabados por numerosas orquestas de Estados Unidos, México, Cuba, Colombia, Venezuela y muchas naciones más. Sin duda, su ‘ópera prima’ es ‘Lamento Náufrago’. Una canción que la sacó de sus entrañas, de su alma, como consecuencia de un amor ‘perdido/perdido en la arena del mar/’.

                                                                

Nunca deja su corbata, su bastón, su camisa manga larga y su pañuelo emperfumado.

De una manera casual conoció a una turista mexicana que estaba de vacaciones en el hotel El Prado. Como buen conversador y de buena presencia, de inmediato le habló de su pasión por la música. Surgió la primera invitación a conocer las playas y el muelle de Puerto Colombia. Vinieron otras visitas, ya con guitarra a bordo, con agarraditas de mano, acostados en la playa y sintiendo que la arena mojada, en vez de causarles frío intenso al acercarse la noche, todo lo contrario, los ponía en temple.

Adriana era el nombre de aquella hermosa mejicana. Ella le regaló un anillo que aún carga en el dedo meñique de su mano izquierda. Un día él fue por ella al hotel para el consabido paseo playero y los recepcionistas le dijeron que esa mañana se había regresado a México.

“¿Y no me dejó, alguna razón, un papelito?”, preguntó con el rostro atormentado.

“¡Nada, don Rafa…así como vino, se fue, en silencio!”. Por su mente pasaron negros nubarrones. Lleno de una profunda tristeza reconoció que él tenía la culpa, pues ella le había advertido que era casada. Y como dice el tema vallenato ‘el que siembra en tierra ajena/hasta la semilla pierde’.

Aquello le produjo tanto dolor, que de inmediato regresó a su casa, agarró su guitarra y se fue al viejo muelle de Puerto Colombia a sacarse el inmenso dolor con ‘Lamento náufrago’.

Todo de amarillo

El tema producto de aquel despecho le ha producido enormes regalías, más no tanta plata como la que le produjo ‘Pájaro amarillo’.

Este tema le llegó de manera fortuita, como casi todas sus canciones, en un viaje que hizo a San Martín (Meta). Era un evento artístico-musical con conferencias y presentaciones artísticas. En un momento de recreo, Campo Miranda se fue a disfrutar del aire fresco que venía de un riachuelo que serpenteaba por debajo de un ceibal. De repente vio una rara especie de toche con un plumaje amarillo intenso con rayas grises a los costados. Picoteaba entre su nido cuando, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el toche macho, le dio un ramito de espigas que traía en su piquito, le acarició la cabeza y alzó su vuelo veloz perdiéndose en la llanura.

El tema fue muy pronto éxito internacional. Un día lo llamaron de un hotel que allí estaban “unos gringos de la Paramount Pictures” que necesitaban hablar con él de manera urgente para el tema de unos derechos de autor.

Campo Miranda, más por no quedarle mal al hotel, fue a escuchar cuál era el cuento de los estadounidenses. Conociendo de antemano cuál era el tema que los traía por acá, se asesoró con algunos amigos de la agremiación de compositores. “¿Cuánto les puedo pedir por los derechos de autor de una canción?”, preguntó con reservas.

Dos abogados conocedores del tema coincidieron en que les pidiera “$300 mil, para ver si te dan siquiera $200 mil”.

Ocurrió que cuando llegó al hotel ya los empresarios de la Paramount lo esperaban en una de las suites del hotel. Era el año 1970, la Paramount tenía ya filmada la cinta ‘El mundo de los aventureros’. Lo único que faltaba era el tema musical de fondo ya escogido, que era, precisamente, ‘Pájaro amarillo’. Lo saludaron efusivamente y lo felicitaron por su talento. Enseguida uno de ellos le extendió la mano con un cheque por valor de $400 mil. Campo Miranda casi se desploma de la impresión.

Se despidió de ellos y se fue derecho a una sucursal bancaria de un afamado banco americano, cambió su cheque, se fue a una distribuidora de carros y compró una camioneta amarilla pollito. Al día siguiente se llevó a su esposa y a sus tres hijos y a todos les compró ropas de color amarillo. Y el fin de semana se fueron a ver una finca entre Caracolí y Malambo. La compraron de inmediato.

Tierra de músicos

Con motivo de sus 100 años, este martes será descubierto en la plaza principal de Soledad ‘Gabriel Escorcia Gravini’ el busto de Rafael Campo Miranda, al lado de su amigo de toda la vida, Francisco Pacho Galán Blanco.

Por iniciativa de dirigentes cívicos de la segunda ciudad del departamento del Atlántico tendrá en la Casa de la Cultura un Hall de la Fama con fotos, discos, letras de poesías y canciones y biografías de toda una constelación nacidas en Soledad.

Entre otros, el poeta Gabriel Escorcia Gravini, autor de la célebre poesía ‘La gran miseria humana’, a la cual Lisandro Mesa le puso música; Efraín Orozco Araújo, autor del ‘Mochilón’, grabado por numerosas agrupaciones, siendo la de mayor éxito la de la Sonora Matancera en la voz del barranquillero Nelson Pinedo; José María Peñaranda, célebre por sus temas ‘Se va el caimán/se va el caimán/ se va para Barranquilla’, lo mismo que ‘Cataca’, tema con el cual se dio a conocer en Cuba Nelson Pinedo, con el nombre de ‘El pollo barranquillero’; el bolerista Alci Acosta, el Maestro Gallaspá; el fundador de la Cumbia Soledeña Efraín Mejía, el director de orquesta y compositor Eduardo Jinete.

Tomado de: http://lachachara.org/2018/08/rafael-campo-miranda-le-puso-poesia-al-porro/ 

 

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